jueves, 31 de marzo de 2016

El Ego


* Desde el suelo
El exceso de amor propio es definido como ego (yo, en latín), entre otras definiciones.
Mi ego me obliga a recibirme como la perfección o la panacea. Él me empuja a sufrir cuando noto que no es cierto. "Que haya humildad" me pide mi alter ego -yo superior-. Ególatra es aquella persona que admira sus cualidades con demasía, se adora a sí misma (qué buen artista, futbolista o panadero soy ... Lo bordé... Qué crak soy... Uuuuffff... Apesta a ego).
Por otro lado existe la autoestima, eso ya es otro asunto. Una cosa es que me tenga yo en estima y otra es que me considere una crak. Puedo decir que amo lo que hago, que he estudiado e investigado mucho sobre lo que hago, que me apasiona... Todo menos sobrevalorar yo misma la calidad o efectividad de mi trabajo. Y mucho menos decir de mí que soy la mejor.
Aunque no fuera, aunque fuera cierto, hablar de mi yo como el superyo de la especie, hablar así sucede por no practicar su contrario, la humildad. Ser humilde no es estar por debajo. La humildad es reconocer un estado equitativo al de mis congéneres, que todas las personas tenemos un ALGO que nos hace especiales y que mi especialidad, más la tuya y la suya, hacen que vayamos hacia un mundo más justo.
Mientras reine el ego, tu yo querrá aplastar al mío porque tú, cariño, eres el mejor, sin duda. Adelante, revuélcate en tu vanagloria, que sólo conseguirás quedarte solo...
Mientras todo eso pasa, nosotras, sentadas en el suelo, sonriendo, mi alma y yo aplaudimos el espectáculo.
* Lulú Hidalgo


lunes, 7 de marzo de 2016

La venganza


* BOOMERANG

Nunca perdió el tiempo en la venganza ni en hurdir ningún plan contra nadie cuando la hirieron. Su plato agridulce fue saber esperar. "El tiempo pone cada cosa en su sitio", la frase preferida de su madre...
Con los años aprendió que la vida es un "boomerang”, se descubrió científicamente que lo que envías y/o emanas te vuelve.
Fue viendo que la venganza nunca le impidió ser feliz, vio como gente moría retorcida de venganzas, cumplidas o no, eso da igual; y vio cómo las cosas se iban colocando, encajando, como un puzzle perfecto...
Ya la vida se vengó de ella con sus propios errores, devueltos como escupitajos en la cara. Se salvó, sin saberlo, de llevar un peso inmenso a sus espaldas, nunca fue vengativa.
Tan sólo supo esperar a que la vida misma se encargara...

* Lulú Hidalgo