Las
Palmas de G.C., a 25 de Julio, un año cualquiera
Querida
Frida, jamás pensé escribirte al más allá y mucho menos sentir
que, de alguna forma, esta carta te llega, que me leerás...
Mis
letras de hoy desparraman lágrimas contenidas para ser escritas, lo
que me recuerda irremediablemente a ti. Mi bella Frida, tu dolor
frustrante se hacía indoloro, quedaba colorido expresado en el
lienzo, transferido por el pincel y tu mano adormecida guiada por los
tonos del sufrimiento. Óleo salado de llanto... El dolor de aquel
accidente me recordó a ti. Tú eras una jovencita cuando te
atropelló aquella guagua, el mío fue hace un mes apenas... A partir de
ese instante imborrable mi mente se trasladó a un lugar desconocido
llamado "dolor". (En ese momento, todo se sucede de forma
“cósmica”. La cabeza huye despavorida, o quizá es el alma, que
se sale del cuerpo para ver la historia “desde fuera”. Chirrido
de frenos quemando goma en el asfalto. Impacto certero,
inevitable...)
Lugar
desconocido es aquél donde entras por obligación, porque quien
escribió este guión así lo vio propicio para el argumento de la
historia. ¿Quién coño escribió los putos guiones de nuestras
vidas, Frida? ¿Tú? ¿Yo? A lo mejor fuimos nosotras, ¿quién sabe?
(Porque mi dolor comenzó en mi época de lactante, tras una
enfermedad infecciosa que me dejó secuelas crónicas. Mi gran
accidente fue a la edad de seis meses y quedó en mi subconsciente
que yo nací "normal".)
Por
causas y azares, después del dolor, repetidas veces en mi vida,
entra el mundo del arte a la palestra. Por lo demás, el
entorno político en el que vivo esta existencia es como en tu época,
de revueltas populares, politicas, sin ningún Zapata, por cierto; y
de intelectualismo revolucionario candente. Ya, ya sé que no se debe
profanar el sueño de los muertos. Igual no es bueno para ti ésto
que hago, Frida, mi musa del dolor hecho arte. Sigue fluyendo un
canal invisible que me lleva a dedicarte éste, mi lienzo, mis
páginas. (No creas que pretendo imitarte, ni siquiera quiero
parecerme a ti. No quiero ser como tú, porque tú pintas, yo
escribo. Envidiarte, !qué! El dolor no se envidia, amiga mía)
Hay
más de veinte años, yo no te conocía... Un amigo leyó un artículo
mío que se publicó en una revista anarquista de la época (1992) y
me habló de ti. Me dijo que el dolor de mi "cárcel"
(silla de ruedas) lo había logrado cambiar por letras, escritura
desgarradora pero no por ello menos real. A mis 27, creí que Rudy
estaba chiflado, no entendí absolutamente nada. Y resulta que fue él
quien "vio" nuestra sincronía. Se fue terciando, poco a
poco, año a año, dolor sufrido fue escrito, y me fuiste calando, te
me aparecías cual fantasma, te nombraban, una exposición de pintura
mejicana, la película de tu biografía. Internet terminó de abrirme
las puertas de tu Casa Azul, y heme aquí dedicándote mis más duras
y bellas palabras, en una carta extraña.
(Y
es que pareciera, amiga Frida, que no existe arte sin dolor, y
viceversa. Y quizá esta carta vino a cuento. Quizá tuve que
escribirte para realizar, una vez más, la coreografía de bailarinas
con traje negro, porque... no pude crear en este tiempo, no pude
escribir nada desde hace un mes... Y viniste tú, mi querida musa -la
irrupción de esta carta en mi imaginación-, a desbloquearme.)
Hermana
de infortunio, de la política y las artes, perdona mi osadía, me
despido de ti, compañera, a sabiendas de que me atreveré a
escribirte de nuevo.
Gracias
por ser...
Hasta
pronto,
tu
profunda admiradora,
Lú